Cuestionando para romper paradigmas.

19 febrero, 2018  /  Por:   /  Aliados  /  General   /   1924 Vistas
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¿Cómo romper paradigmas?

 ¿Cómo podemos romper paradigmas si no estamos conscientes de ellos?

 

Transitamos por la vida emulando comportamientos que observamos, repitiendo conductas aprendidas, ejecutando aquello que pensamos nos hará socialmente aceptados. Es poco probable, que al efectuar estas actuaciones diarias, reparemos en la justificación de ellas. Tampoco pensamos en el origen de nuestros deseos y, mucho menos, en el asidero mental de todo aquello que nos conduce. Entonces, ¿cómo quebrantamos paradigmas si vivimos en y por ellos? Sin pretender una respuesta absoluta, podríamos salirnos del molde a través de los siguientes cuestionamientos:

 

¿Qué es lo que nos hace querer lo que queremos? Queremos aprobación social porque eso es lo que nos han inculcado. Al principio de nuestra existencia, cuando el peso del sabernos vivos ya se internaliza y comenzamos a interactuar socialmente, buscamos la aprobación social a través de los instrumentos más sencillos que nos han enseñado. Si me instruyeron que compartir la merienda en el kínder es “bueno”, entonces lo hago y así, alcanzo mi propósito que es, ser aceptado socialmente. De igual manera nos educan diciéndonos “eso no se hace porque se ve feo”, “no diga eso porque, ¿qué van a decir de usted?” o, “eso no se dice porque es de mala educación”.

Posteriormente, en la escuela, buscamos “buenas notas”. Siempre, el más destacado es quien mejores notas lleva. En el colegio, además de la distinción académica se busca la belleza, la capacidad deportiva, el humor e incluso, algo de rebeldía. Luego vamos a la universidad y seguimos con la misma consigna, trabajamos, vivimos… Es curioso ver como los valores inculcados y la aceptación social cambian. Cuándo somos niños nos enseñan a compartir, de adultos, aquella persona a la que le va “bien” y por ende, es aceptada, es la que tiene un puesto de gerencia y un buen salario o su propia empresa con números verdes. Nos criaron en un molde y no nos salimos de él y ese molde es unidimensional.

 

¿Por qué hacemos lo que hacemos? A raíz de lo anterior, hacemos lo que socialmente es aprobado. Nietzsche decía que cuando bajaba a la plaza del pueblo veía a las personas ponerse una máscara para interactuar porque los individuos no pueden ser como “son” en sociedad. Hacemos lo necesario para para encajar,  es supervivencia. Nos definimos por el ojo externo, por la opinión social. Inclusive, la moral, es un conjunto de normas adoptadas socialmente que nos gobiernan y definen nuestro actuar. Valoramos más el “qué dirán” en detrimento del “qué quiero yo”.

 

¿Qué nos hace pensar lo que pensamos? Bueno, la pregunta correcta sería ¿pensamos en algún momento? Pareciera que la mayoría del tiempo elaboramos excusas o justificaciones a posteriori de lo efectuado automáticamente: somos autómatas. Toda la información que nos es bombardeada a través de la publicidad, de las redes sociales, de los medios de comunicación colectiva y, hasta de las mismas instituciones académicas, moldean nuestro pensamiento. Estamos llenos de bienes materiales y de información pero no cultivamos el “ser”. Recibimos información pero no la digerimos; replicamos comportamientos, frases, lugares comunes. Y de un momento a otro nos preguntamos “¿qué pasó?”, “¿cómo?”,  “¿en qué momento?”

 

El paradigma que nos ata es el encajar socialmente, actuamos para poder lograr este objetivo y no nos cuestionamos por qué.

 ¿Cómo rompemos este paradigma? Contemplación, como decía Tales de Mileto y Sócrates, hay que conocerse a sí mismo. No estamos acostumbrados a cuestionarnos, a cuestionar los motivos de nuestras decisiones, de nuestros deseos, no somos críticos de la información que recibimos, de los valores que buscamos, de la moral que nos rige. Este auto conocimiento es doloroso pero necesario, implica aprender a desaprender, a pensar para luego existir. Así, podemos descubrir qué nos gusta, que nos satisface y, una vez logrado eso, es menos difícil animarnos a efectuarlo.

 

La sociedad es la caverna, lo que vemos en ella son las sombras y, nuestro pensamiento crítico de toda esa “realidad” es lo que podría ayudarnos a salir de ella.

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